
Sábado 5 de diciembre a las 17.00 hrs. y volando con Raynair hacia Pisa para llegar a Florencia. El avión hasta arriba y una de las azafatas -sin vocación- que no disimula su malestar ante los pasajeros rebeldes e inquietos. Yo -en un intento por evadirme de semejante panorama- me asomo por la ventanilla y diviso la desembocadura del Guadalquivir. Sobrevolamos Sanlúcar de Barrameda y Chipiona -me acuerdo de mis padres y soy consciente, una vez más, de lo mucho que los quiero-. Me pongo a leer pero me entra sueño -se me baja la tensión en los vuelos-. Cuando despierto, estamos casi llegando al aeropuerto de Pisa. Una maraña de luces bajo el plane y al instante -eso es lo bueno de no facturar maleta- ya estamos en un andén esperando el tren PISA-FLORENCIA. Una hora y media más y llegamos al Hotel NH en vía Garibaldi, dejamos el equipaje y nos lanzamos a la calle, cansados pero hambrientos.






