Estando tan cerca de Finlandia no podíamos dejar pasar la oportunidad de visitar su capital. A menos de tres horas en barco desde Tallín (Estonia) Helsinki tiene su centro neurálgico en la Plaza del Senado, en la que en el siglo XVII estaba el mercado, el ayuntamiento, la iglesia y el cementerio. Y mientras se juraba bandera en la citada Plaza, nosotros nos tomábamos un café en la cripta de la Catedral. Un lugar misterioso, con un encanto añadido por lo insólito. De allí nos fuimos a su Plaza del Mercado donde puedes encontrar especialidades culinarias de la zona y numerosos souvenirs. Además de acercarte al Mercado Viejo en el que, si encuentras un sitio libre, puedes saborear buena comida y bebida en un edificio construido en 1889. Otra de las reliquias de Helsinki es su Catedral Ortodoxa de Uspenki (1868), la más grande de Europa Occidental y el testigo de la influencia rusa en la historia de Finlandia. Además, las vistas desde la Catedral Ortodoxa son sorprendentes. Ahí está la Catedral de la Plaza del Senado. El Ayuntamiento de Helsinki es otra de las maravillas de la ciudad. Siempre organizan exposiciones muy interesantes, como la que hay ahora sobre los hermanos Aho&Soldan, que supieron captar a través de imágenes la idiosincrasia de Helsinki a principios del siglo pasado. Otra cosa que no te debes perder en tu viaje a Helsinki: el Museo de Arte Contemporáneo Kiasma que promueve la difusión de las últimas tendencias en audiovisuales, composiciones, arte espacial... Una cita imprescindible con la cultura, el arte y la denuncia social. Y, por supuesto, la Iglesia de Temppeliaukio excavada en la roca y escenario de numerosos conciertos como el que tuve el gusto de asistir antes de coger el barco para regresar de nuevo a Tallín, e iniciar nuestro viaje de vuelta.
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