
Corriendo, corriendo, corriendo. Así fue como llegué a mi primera cita con la Bienal de Flamenco de Sevilla en el Teatro Lope de Vega y al final, llegué yo antes que El Lebrijano. Aunque no creo que fuese por su culpa sino por el tiempo que tardó el público en acomodarse entre saludos y saludo. Como iba sola, me dediqué a hacerle fotos al teatro. Una joya arquitectónica que nació gracias a la Exposición Iberoamericana celebrada en Sevilla en 1929.






